Durante los últimos años se ha producido un significativo
aumento en el número de pacientes con daño cerebral: por una parte el incremento
de accidentes de tráfico y por otra los llamativos avances en la atención a los
traumatizados en los primeros estadios (cuidados intensivos, neurocirugía)
condicionan una reducción de la mortalidad pero provocan, por el contrario, un
mayor número de personas que quedan con graves alteraciones físicas, cognitivas,
emocionales y psicosociales. Frente a esta situación de mejora evidente en la
asistencia especializada inmediata, no se ha seguido de la creación de
recursos destinados a atender estos pacientes una vez superada la fase aguda, de
modo que nos encontramos con la paradoja de un mayor número de supervivientes
(incluso con lesiones muy severas que hace unos años hubieran condicionado su
fallecimiento) sin que se disponga de dispositivos adecuados para su
atención.
Las Hermanas
Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, conscientes de esta carencia, han
puesto en marcha unidades de Daño Cerebral destinadas a proporcionar una
atención multidisciplinaria y específica para estos pacientes, de tal modo que
puedan abordarse todos los aspectos de la rehabilitación: alteraciones físicas,
dificultades de comunicación, déficits cognitivos, alteraciones emocionales y
conductuales, dependencia para las actividades de la vida diaria. Esto supone la
creación de equipos formados por diferentes especialidades (fisioterapia,
logopedia, terapia ocupacional, neuropsicología, enfermería, especialistas en
neurología, medicina interna, rehabilitación y psiquiatría) cuyo trabajo conjunto garantiza la
atención a todos los aspectos del daño cerebral.
El Hospital Beata María Ana,
perteneciente a la Congregación de la Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón
de Jesús, inauguró en Madrid en octubre de 1999 una unidad ambulatoria
específica para los afectados por un daño cerebral adquirido y
en 2004 una unidad de hospitalización para este tipo de
pacientes.
El principal objetivo de este Servicio es conseguir el
máximo nivel de recuperación física, cognitiva y social con el que aumentar la
calidad de vida y hacer posible la máxima integración familiar, social y laboral
en los afectados.