La cultura hospitalaria,
expresión del espíritu y del estilo propios de la Congregación, presidirá la
actuación de la comunidad hospitalaria y se regirá por los siguientes
criterios (Direct. 62.2):
Las personas que sufren y, preferentemente,
los pobres, los necesitados y los marginados, constituyen el centro de la
acción hospitalaria.
La asistencia integral, que
debe conciliar la competencia científica y la atención humanitaria en un
constante esfuerzo por ofrecer la mejor calidad asistencial, comprende las
diversas manifestaciones de la persona humana y el libre desarrollo de su
personalidad.
El respeto y defensa de la dignidad
humana, de sus derechos y libertades y, de manera especial, el
derecho a la vida, a la intimidad personal y familiar y a la libertad de
conciencia, constituyen manifestaciones esenciales de la actividad
asistencial.
La capacitación y actualización
profesional de las hermanas y del personal contratado, dirigida a
la mejora constante de la calidad asistencial, son objetivos permanentes e
irrenunciables de la comunidad hospitalaria.
La observancia de los principios de justicia
y caridad, de las exigencias normativas estatales y de las orientaciones de
la doctrina de la Iglesia, en el campo social y de la salud, son
deberes explícitos de la comunidad
hospitalaria.
La promoción de las creencias religiosas
católicas, de acuerdo con la propia naturaleza de la Congregación y con
pleno respeto a la libertad de conciencia de todos los miembros de la
comunidad hospitalaria, es un deber institucional que pueden y deben
cultivar, además de las personas responsabilizadas de la Pastoral de
la Salud, las hermanas, los voluntarios y todas aquellas personas
que deseen compartir esta misión.